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¿Quieres una lectura genuina, efectiva y de alto impacto? 09/11/2016

¿Quieres una lectura genuina,
efectiva y de alto impacto?

Exigimos cada vez más a nuestros equipos y les damos cada vez menos herramientas para potenciar su rendimiento; pretendemos que estén motivados, unidos y alineados, pero a cambio sólo les damos instrucciones sobre el próximo objetivo económico que deben alcanzar.

¿Cuánto tiempo crees que un equipo puede responder a estas premisas sin “quebrar” como tal o sin transformarse en un verdadero caos? ¿Meses? ¿Semanas? ¿Días?

En cualquier caso, y más allá de cualquier especulación, sería lógico pensar que con el pasar del tiempo esos equipos pasan a funcionar con piloto automático. Lo que, claramente, en escasas ocasiones es algo positivo. Funcionar de esa forma, significa que todo lo que ocurre, para bien o para mal, se va incorporando de manera natural sin que nadie repare en ello.

Por ejemplo:

  • Un discusión sin resolver que queda en asperezas constantes.
  • Una responsabilidad sin definir que se traduce en una lucha de poderes.
  • Un exceso de comunicación informal muy tóxica (y contagiosa) en el que la crítica al otro es el eje en cuestión.
  • Un exceso hermetismo de uno o más miembros frente a una transición o un cambio de reglas.
  • Una falta de colaboración y cooperación que no hace más que restar y dividir, en vez de sumar y multiplicar.

Naturalizar el conflicto, los roces, la falta de comunicación, la escasa colaboración o la desmotivación general es, cuanto menos, enquistar los problemas y colaborar para que ese equipo poco a poco entre en una lenta agonía y se transforme en un simple grupo de personas que hacen lo que tienen que hacer, con la única motivación de hacer una cuenta regresiva de minutos que indicarán que el día -por fin- terminó para ellos.

Honestamente, no conozco líder alguno al que esta situación le provoque alegría. Sin embargo, sí conozco algunos que opten por mirar hacia otro sitio y otros tantos que han elegido hacer añicos todas las buenas prácticas de un líder intentando regenerar la armonía con modos, paradójicamente, poco armónicos…

Para detectar, para trabajar, para promover el autoconocimiento de las personas y la cohesión como equipo, nada más efectivo que acudir a la mirada “limpia y pura” de un caballo.

Un equipo de personas y una manada de caballos, tienen mucho más en común de lo que usualmente pensamos. Ambos requieren un fuerte liderazgo, una comunicación clara, coherente, y un profundo conocimiento de las necesidades y objetivos del equipo. Sin embargo, a diferencia de las personas, el caballo es capaz de aprender e incorporar muy rápidamente nuevos comportamientos mientras que nosotros, cuando asumimos la necesidad de cambio, lo hacemos después de cierta resistencia y paulatinamente.

Los caballos nos ayudan a:

  • Vivir una experiencia única para detectar de forma inmediata y eficaz áreas de mejora en nuestras relaciones laborales, sobre cómo establecemos alianzas, sobre cuál es el rol que mejor desempeñamos, desde dónde nos comunicamos, cuáles son nuestras fortalezas y cómo podemos potenciarlas.
  • Valorar una visión genuina, libre de preconceptos y de juicios respecto a cómo funcionamos en lo individual y cómo lo hacemos en conjunto. Su comportamiento será el reflejo de su percepción: seguridad, nerviosismo, persuasión, fuerza, sosiego, incertidumbre, rabia, tristeza, desconexión, miedo y un larguísimo etcétera.
  • Recibir un feedback muy claro y sin verbo, aunque su lenguaje corporal y vocal es muy explícito (debe serlo para avisar a otros de su manada que han percibido a un depredador, o para cortejar, o para avisar que se ha traspasado el límite de su territorio). Ellos son verdaderos espejos de nuestra corporeidad y emocionalidad, detectando incoherencias e incongruencias de manera auténtica, incluso de quien intente esconderse sus máscaras.

Taller experiencial para equipos de trabajo. La fuerza de la metáfora.

El caballo simplemente nos facilita sentir, ver, asimilar e incorporar lo vivenciado; nos facilita la experimentación y por tanto, el aprendizaje. En definitiva, mejora significativamente aspectos del equipo tales como:

  • Confianza. Promueve la empatía de los miembros del equipo entre sí y para con el líder.
  • Compromiso e implicación. Todos se sienten involucrados como parte activa y responsable de las metas y valoran el aporte de los demás.
  • Responsabilidad. Cada uno conoce su rol, su potencial y el alcance de su hacer.
  • Motivación y superación. A partir de tomar conciencia de los recursos propios, mejora la capacidad de gestión y fortalece los niveles de rendimiento.
  • Calidad de la comunicación. Se crean espacios para el diálogo, el debate y la discusión basados en el respeto mutuo y la valoración de las opiniones.
  • Colaboración y cooperación. Todos son cooperativos para la consecución de una meta.

Recuerda: El trabajo más productivo es el que sale de las manos de un hombre contento. Víctor Pauchet 

luis lentijo

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