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El Caballo, un gran experto en comunicación no verbal. 09/10/2016

¿Cuánto de coherencia

hay en tu comunicación?

Cuando hablamos de comunicación, muchos olvidamos que las palabras no son estrictamente necesarias. El silencio es un buen ejemplo y, de hecho, también es una fuente de cuantiosa información y comunicación. De ahí la certeza de que muchas veces el silencio vale más que mil palabras….

Al efecto, el prestigioso antropólogo Albert Mehrabian ha comprobado que, en una conversación cara a cara entre dos personas, únicamente transmitimos el 7% con palabras y con voz.

El resto, ese altísimo 83%, proviene del lenguaje no verbal (LNV): un 38% es el tono y la intención y el 55% es kinésico, es decir, la comunicación relativa al movimiento y a la proyección del cuerpo.

Una vez consciente de esto puede que además de sorpresa, experimentes una sensación de alivio porque has encontrado un indicio revelador respecto a porqué motivo nadie te entiende, te malinterpreta, o piensa que has querido decir exactamente lo contrario a lo que has dicho.

Cuando hay disonancia entre lo que decimos y la manera en la que lo expresamos se genera confusión en el receptor del mensaje y es posible que llegue a repararse más en lo que hace con sus gestos que en lo que dice. Por ejemplo, cuando un ejecutivo de ventas le promete a su cliente durante la negociación, que el próximo ciclo logrará duplicar la rentabilidad que obtuvo este año y acto seguido le retira la mirada, o le da la mano sin la convicción y la fuerza suficiente ¿qué creen que pasará con la negociación?

Ahora bien, si un 83% de lo que comunicamos es LNV ¿porqué nos concentramos tanto en “qué” decir y minimizamos el “cómo” lo decimos?

¿Por qué ocurre ese cortocircuito? ¿De qué manera podemos ver cómo es que funcionamos para tomar conciencia y lograr la congruencia?

Hay una mirada “limpia”, alguien que no tiene interés en congraciarse con nosotros. Alguien que a diferencia nuestra, no proyecta sus pensamientos sobre la realidad.

El caballo no necesita de tus palabras para leerte.

A diferencia de los nosotros, que estamos un tanto heridos por los sentidos: filtramos, sesgamos, elegimos y tomamos trozos de mundo a través de nuestro caleidoscópico sistema de creencias y valores, ellos miran sin “cargas”, no inventan voluntades, no están condicionados a promover ninguna relación fructífera; no mienten, no tienen egos, no proyectan, viven lo que transcurre aquí y ahora.

El caballo es un animal que tiene una sensibilidad fascinante para reconocer las señales y las intenciones de otros animales, pues de ello ha dependido su supervivencia. Al estar en contacto con ellos podremos descubrir todo lo que existe más allá de las palabras, todas esas capacidades, fortalezas, debilidades y rasgos personales, que habitualmente ocultamos detrás de las máscaras del ego y que utilizamos casi de manera automática e inconsciente en todos los entornos de relación.

Ellos son genuinos. Ven lo que ven. No cuestionan. Por ello, entienden la comunicación (en el sentido más amplio), con total sinceridad y sencillez.

Jornada de comunicación no verbal con caballos.

La comunicación, como intercambio de información, es un camino bidireccional; aprender a comunicarse implica claridad en los mensajes, coherencia entre el discurso oral, corporal y mental. Esa claridad es lo que nos permite entender y ser entendidos con todos y en todos los ámbitos de la vida. El trabajo con caballos es un excelente método para llegar a la coherencia de manera natural.

Entre otras cosas, porque ellos tienen una presencia magnífica. Cuando entramos en su espacio, ocurre esa maravillosa experiencia en la que la admiración y el silencio se convierten en mágicos y reveladores.

¿Por qué esta experiencia es tan reveladora? ¿Cómo trabajamos con las incongruencias que el caballo nos ayuda a  detectar?

Profundizar en la comunicación no verbal mediante ejercicios de interrelación con caballos, nos permitirá:

  • Detectar incongruencias y contradicciones en nuestra comunicación.
  • Identificar qué situaciones nos mueven de nuestra zona de seguridad.
  • Tomar consciencia del aquí y ahora. Entender lo que pasa.
  • Profundizar en la auto-observación. Ver desde dentro hacia fuera. ¿Qué me pasa con lo que pasa?
  • Incorporar nuevas congruencias, producto de internalizar las experiencias y el aprendizaje.

Y dejo aquí un refrán que me resulta tan simple y oportuno:

“La soberbia a caballo fue, volvió descalza y a pie. Por más orgulloso que te comportes, algún día te verás obligado a ser humilde.”

luis lentijo

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